Historia de Cuitzeo

Leyenda

LEYENDA DE LA DONCELLA DEL LAGO DE CUITZEO

Todos los pueblos están llenos de leyendas que pase de padres a hijos de ancianos a jóvenes, que la gente las toma y las hace suyas, una de ellas es la de la doncella del Lago de Cuitzeo.

Quinientos años antes de que se establecieron los tarascos en el año del Tigre, vivían en esa comarca los de la tribu tarascahua, guerreros valientes y decididos, que habían sido amamantados con la leche de Yaractzi, lo que les hacía tener gran nobleza para defender a los débiles, formar a los niños en las buenas costumbres y hacer dignos de sus padres y de sus dioses.

En esa comarca los niños eran responsabilidad de todos. Los alimentaban, educaban, les enseñaban a pescar y a cazar, les hacían arcos y flechas a su medida.

En ese pueblo gobernaba El Gran Yacualzin, respetado por los suyos y temido por sus enemigos. Cómo era la costumbre, el día que los ancianos le colocaron el penacho de rey, entro a las aguas del lago de Cuitzeo e hizo una promesa, que solo él y la doncella del lago, Yarindiria, sabían.

Durante un buen tiempo se tornó alegre, lleno de confianza, servicio, hasta que tomó por esposa la princesa Yiridia, de la tribu de los cuitzianes. La fiesta dura 8 días, con sus ocho noches. Se habló de la boda de Yacualzin y Yiridia durante mucho tiempo; hasta que la princesa le hizo saber que estaba esperando un hijo, y que eso alegraría a las dos tribus, porque su hijo sería gobernante de ambos pueblos. Yacualzin, el lugar de alegrarse con la noticia, la recibió con mucha tristeza, se interno entre los campos y viendo que estaba solo y nadie lo seguía, lloro amargamente. Porque él tenía que cumplirle a la doncella del lago, la promesa que le había hecho.

Le había prometido que si le ayudaba a vencer a sus enemigos, a tener prosperidad, a ser reconocido como un buen gobernante, había una pequeña canoa, cuándo naciera su primer hijo, y lo pondré en el hago para que fuera adoptado como el hijo de Yarindiria.

Durante todo el tiempo que la princesa estuvo embarazada, Yacualzin permaneció taciturno, silencioso, poco hablaba, poco comía, su sueño no era tranquilo, ¿Cómo cumplir la promesa?, ¿Cómo decirle a la madre que su hijo tenía que ser entregado a la doncella del lago, como una promesa que él le había hecho? Llamó con todas tus fuerzas a la señora de la vida y la muerte, Yaractzi Yaracuani. Rendido se quedó profundamente dormido y a través del sueño le habló la gran Yarayara: "hijo mío ¿de qué te afliges? Yo te tuve en mi vientre de tierra, agua y caña. Desde mis entrañas fuiste preparado para ser un gran guerrero, cumple la promesa que le hiciste a Yarindiria; construye la canoa yapiri - yapillitzi, cuna de agua, coloca el niño dentro de ella, no permitas que la madre esté cerca, porque su llanto atrae a la doncella. Llena de flores blancas la canoa, dale una bebida endulzada con caña y miel de abejas al niño y colócalo dentro de ella, espera que la Luna, la diosa Tlacuiliani, este en lo más alto y coloca la canoa en el lago. Lleva tres flechas, parte en dos la primera y dirás: cumplí mi promesa, te liberó de la tuya, parte la segunda y la tercera, lanza las al agua. Límpiate las lágrimas de los ojos y espera.

Yacualzin hizo lo que le había dicho la señora de la vida y la muerte, construyó la canoa yapiri yapillitzi, la adorno de flores blancas, rompió las flechas, las lanzó al lago, colocó al niño en la cuna de agua y le puso en el lago... Se sentó a esperar, cerro los ojos y apretó los puños, ya cerca del amanecer cuando Tlacuiliani se despide de Huari, El señor de las flechas ardientes, abrió los ojos, la canoa se acercaba a la orilla, las flores se habían vuelto amarillas, el niño dormía plácidamente. La señora de la vida y la muerte había hecho que cuando cayeran las flechas al lago de Cuitzeo, la doncella cayera en un profundo sueño y no tomara la cuna del agua.

Esa noche el niño murió y Yacaratzi y le dio vida de nuevo, las flores blancas se volvieron amarillas y el príncipe recibió el nombre de Yaracuali, "el que viene de la casa de la muerte".